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De ahora en adelante, cualquier semejanza con hechos reales serán fusilados por la imaginación

“Mantente dentro de sus filas, come con ellos, se uno de ellos. No dejes calle sin trancar y rompe todos los vidrios que puedas.” Nos dijo el Superior mientras cambiaba mi uniforme, por una camisa blanca y un par de jeans. El ejercito sólo necesita razones suficientes para activar su Plan de Paz Contundente. Yo junto a mi equipo seríamos quienes les daría esas razones.

En un principio parecía ser sencillo, por mucho tiempo había estudiado las rebeliones en otros países, los métodos improvisados con que habían activado un ataque contra su gobierno, era algo que cualquiera podría hacer desde su casa. Nosotros teníamos que evitar que eso pasara, pero con bombas lacrimógenas y las represiones de poco impacto que hacíamos, parecía no llevar a ningún lado. Tanto nosotros, como ellos, debíamos subir el nivel. Si ellos se radicalizaban, nosotros podíamos ser más radicales en el ataque.

Lo había logrado, por todo los medios de comunicación se documentaban mis ataque a centros públicos, la quema de carros con bombas molotov, vidrios rotos, todo iba en orden.

Dictaron la sentencia, el plan estaba en marcha. Se activó el Plan de Paz Contundente, pero nadie sabía cuando se implementaría. Yo como siempre en las filas delantera, quemando caucho y haciendo barricadas, escuché el anuncio del plan, fue un silbido, limpio, que hizo caer de espaldas a mi compañero. Luego otro silbido y otro compañero militar al suelo. El anuncio de paz me alcanzó, caí al suelo.

Las balas no dejaban de silbar sobre mi cabeza, un intenso dolor comenzó a subir de mi pierna e evadió mi cuerpo, no podía moverme.

Un manifestante vino a mi y me sacó de la linea de fuego. Le agradeceré siempre por eso. Mientras era arrastrado, veía como mis compañeros muertos, quienes habían sido excelentes militares habían quedado atrás sin más nada que el recuerdo, yo pude haber sido uno de ellos, uno de esos “muertos justificados por violencia” con los que la prensa se jactába para justificar el ataque.

Las balas no preguntan por partido político, por tu cargo en la milicia.
A esas balas no les importan si eres de derecha o izquierda.
A esas balas le sabe a mierda si eres rico o pobre.

Mis amigos, mis hermanos, quedaron muertos en el suelo sin poder reclamar su derecho a la vida, estaban ahí, yo los vi y luego leí como la prensa desinformada por el estado repetía una y otra vez la misma mentira. El gobierno se había olvidado de ellos, no eran más que enemigos-traidores de la patria y yo había muerto con ellos.

Sifóntes Bolívar, el que alguna vez defendió al gobierno.

Ahora lucho contra él.

Sifótes Bolívar, el camaleón que activó el plan de paz contundente.

Ahora escapa de la paz impuesta para sobrevivir a una guerra disfrazada de justificaciones absurdas por el estado.

¿Cómo no lo pude ver antes? A estos militares, a los que alguna vez serví con honor, no le importa quién está delante de las armas, siempre y cuando tenga a alguien detrás que les rellene el bolsillo con plátanos Maduro.

Platano Maduro

 

 

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